Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra
:: Magdalena Medio, Colombia ::
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La lucha por la vida digna, la justicia, la libertad, la soberanía y la tierra es una lucha de mujeres y de hombres
Ponencia de la ACVC al primer campamento latinoamericano de mujeres de organizaciones populares, realizado en Los Caracas, en el Estado Vargas (Venezuela), del 25 al 29 de noviembre de 2009.
 

Desde tiempos inmemoriales, un grupo de mujeres reunidas augura muchas cosas bellas: palabras que cantan, recreando hijos únicos y hermosos, amigas entrañables, meriendas exquisitas, amantes furtivos, maridos eternos o pasajeros, sueños permanentemente alimentados de realidades.

Es augurio de alimentos compartidos junto a recetas de cocina y de belleza, una que otra lágrima que rueda en duelo por las ilusiones enterradas.

También es augurio de muchos tejidos... de bufandas para el frío, mochilas para viajes, canastos para la cosecha, trenzas para cabellos indómitos y seductores, ideas y proyectos para el abrigo de los seres amados.

Un puñado de mujeres reunidas, en conclusión, es fuego en que se cuece la sabiduría, en hermosa mezcla de intuición, pasión, belleza, alegría y fuerza creadora. Sabiduría de aquella que no sólo transita por las pomposas ideas que habitan los discursos políticos, los libros de ciencia, las razones de la razón, las razones de la fuerza…, sino que habita el camino de los sentimientos, las intuiciones, los silencios, los gritos, la solidaridad, la maternidad, la orfandad, la soltería, la viudez…

Pero una reunión de mujeres revolucionarias es augurio de aún mas poderosas y bonitas cosas que las ya dichas.

Es garantía de muchos impulsos hacia la dignidad y la justicia para esos seres amados que no son sólo los que ama cada una, sino que son todo nuestro pueblo que demanda -¡ya!- un modelo económico que garantice el alimento sano, la educación liberadora, la integración con la naturaleza... que necesita un sistema político que tolere y celebre la complejidad y la diversidad, en lugar de asesinarlas... un pueblo que requiere aun más un sistema de vida cuyo motor sea el amor, el amor a la vida, a los seres, a nuestro pueblo, a la naturaleza generosa...

Saludo a todas las mujeres y organizaciones que han acudido a este llamado dirigido a las mujeres luchadoras de esta tierra, que hemos creído que las cosas como están no están bien y que creemos que, para que exista una verdadera revolución, es indispensable atacar de raíz todas las formas de explotación y discriminación, lo cual incluye, además de la explotación y discriminación de clase, la explotación y discriminación basada en el género, la raza, la edad o la identidad sexual, impuesta por el modelo capitalista neoliberal.

La lucha por la vida digna, la justicia, la libertad, la soberanía y la tierra es una lucha de mujeres y de hombres.

Yo vengo del valle del río Cimitarra, subregión ubicada en lo que se conoce como Magdalena Medio, al nororiente de Colombia, un territorio muy rico en recursos naturales y biodiversidad, madera, agua, petróleo, oro y con unas tierras muy fértiles, pues la tierra es muy buena. Allí se da lo que uno siembre.

Pero justamente por esa riqueza sufrimos una realidad que es la misma en otras regiones del país y sabemos que de América Latina y el mundo: después de décadas de abandono estatal, ahora que se descubren esas riquezas el Estado hace presencia con las Fuerzas Militares para ayudar a los terratenientes y a las multinacionales a expulsarnos de nuestro territorio para poder explotar indiscriminadamente nuestros recursos, atacando la supervivencia nuestra y la de las futuras generaciones.

Esa campaña de exterminio y expulsión nos ha costado muchas vidas a manos de las propias fuerzas oficiales y muchas otras a manos de las fuerzas paramilitares, política de estado en Colombia, que han actuado con el patrocinio de las Fuerzas Militares y los ricos ganaderos y empresarios colombianos y extranjeros, todo ello con la orientación del imperio expoliador y asesino, el imperio estadounidense.

Pero frente a esta situación, el campesinado del valle del río Cimitarra no ha permanecido inmóvil. Desde hace cuatro décadas hemos sosteniendo una ardua y persistente lucha de resistencia popular, civil y organizada para mantenernos en nuestro territorio, para hacer una vida digna y con justicia, para disfrutar de la tierra que trabajamos, para proteger los recursos naturales nuestros y de las siguientes generaciones, para producir alimento, conocimiento y cultura para la trascendencia de la humanidad.

Esa lucha se ha canalizado desde hace 14 años en la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra (ACVC), que integra a más de 25 mil campesinos para defender nuestro territorio. En 1996 y 1998 salimos de nuestras fincas para tomarnos la ciudad de Barrancabermeja y exigir del Estado las mas mínimas inversiones y garantías, pero fundamentalmente exigiendo el respeto de nuestras vidas que estaban siendo cruelmente exterminadas por el paramilitarismo.

Mas de diez mil de nosotros, con nuestros hijos de todas las edades, durante dos y tres meses respectivamente nos tomamos sedes públicas hasta lograr que dos gobiernos, el de Ernesto Samper y el de Andrés Pastrana, se comprometieran a cumplir con nuestras exigencias. Los acuerdos se firmaron, el Gobierno no los cumplió, pero de ese proceso quedó fortalecida nuestra capacidad organizativa y así nació la ACVC.

Hemos centralizado nuestra lucha en la creación de la Zona de Reserva Campesina del Valle del río Cimitarra, que cubre todo nuestro territorio para el cual hemos diseñado participativamente un plan de desarrollo en el que plasmamos nuestra visión de desarrollo tomando en cuenta nuestras necesidades, las riquezas de nuestro territorio, nuestro enfoque de desarrollo y nuestro potencial humano para alcanzarlo. Este Plan no es socialista, aún no puede serlo, pero está forjando aprendizajes para andar ese camino.

La Zona de Reserva Campesina es una figura legal en Colombia y alcanzamos su declaración legal, sin embargo los paramilitares, terratenientes y multinacionales se resisten a ella porque se opone a sus intereses capitalistas y han emprendido toda una campaña en su contra, que ha encontrado en el actual gobierno su servidor y ha suspendido la legalidad de la Zona. Pese a ello nosotros persistimos y pedimos solidaridad para seguirla defendiendo.

En este proceso organizativo las mujeres hemos jugado un papel muy determinante. Sin nuestra activa participación nada de eso habría sido posible. Sin embargo nuestra participación ha sido desempeñando los roles tradicionalmente asignados a las mujeres: la cocina, el cuidado de los niños, los ancianos y los compañeros, el aseo, y, como ha ocurrido siempre, esos roles son vistos como menos importantes, han sido menos reconocidos y valorados.

Aún así, algunas mujeres hemos desempeñado liderazgos destacados a nivel de las veredas y en ámbitos pequeños donde hemos demostrado nuestra gran capacidad de acción política, la cual desarrollamos además de esas labores tradicionales y del trabajo del campo.

Lentamente, y combatiendo resistencias de nuestras familias, de los compañeros de organización y de nosotras mismas, hemos ido ganando espacios de mayor nivel en la acción política. Paradójicamente, debido a la reciente persecución judicial a los compañeros de la junta directiva de la ACVC en la que hasta hace dos años no había ni una sola mujer, seis de ellos fueron encarcelados entre seis meses y dos años, y seis más tuvieron que ocultarse por dos años.

Fue en este momento que las mujeres entraron a jugar un nuevo rol, al ponernos un numero considerable de compañeras al frente en la conducción y dirección, ocupando mayores papeles de liderazgo y organización en nuestro proceso de lucha.

Así, hemos logrado ir rescatando y jugando el papel histórico que nos corresponde en el desarrollo de la humanidad en todos los aspectos, no sólo de nuestra enorme capacidad de acción política, sino que somos capaces de agregar nuevos enfoques, nuevas prácticas, nuevos valores derivados de nuestra condición femenina a la acción política y sobre todo corregir defectos y vicios arraigados derivados de los roles y valores tradicionalmente asignados a los hombres.

Sin embargo existe un camino largo y difícil de recorrer, pero a estas alturas del proceso podemos decir que en la ACVC existe la conciencia acerca de la urgente necesidad de trabajar decididamente porque se superen las condiciones que nos han mantenido a las mujeres alejadas de la toma de decisiones, subordinadas al poder de los hombres padres, maridos, hermanos y líderes comunitarios y políticos.

Porque las reivindicaciones por las que luchamos y la defensa de nuestro territorio incluyan claramente nuestras necesidades específicas como mujeres y nuestro aporte a la construcción del socialismo. Porque las responsabilidades y derechos derivados de nuestra lucha estén repartidas de manera equitativa.

No será tarea fácil, pero con el concurso y voluntad política de hombres y mujeres seguiremos avanzando de manera positiva en tema tan estratégico, como es el papel de la mujer en la lucha por la liberación de nuestro pueblo. Más ahora que la guerra en Colombia y el continente tomara dimensiones incalculables, por la entrega incondicional y arrodillada de nuestra soberanía al tirano del Norte mediante la implementación de bases militares gringas en todo nuestro territorio.

Por eso, hombres y mujeres no tenemos tiempo que perder y de manera conjunta estamos en la obligación de fortalecer nuestros procesos organizativos para enfrentar desde nuestras fortalezas la avanzada del Imperio y sus secuaces en defensa de la vida, la dignidad, la soberanía y la humanidad.

Pero lo mas importante: estamos iniciando la conciencia de que trabajar por esto exige un compromiso muy profundo con revolucionar nuestras ideas acerca del ser mujer y del ser hombre, exige de toda nuestra capacidad de creatividad, de autocrítica, coherencia y de acción cotidiana en el ámbito privado y en el público.

A este encuentro teníamos previsto venir un grupo de mujeres miembros y colaboradoras de la ACVC, llenas de emoción y de muchos deseos de aprender, de conocer otras luchas, de estrechar lazos de amistad, unidad y solidaridad bolivariana y latinoamericana, de clase y de mujeres. Desafortunadamente, y por razones legales para entrar en territorio venezolano, solamente pude asistir yo. Sin embargo, las otras compañeras delegadas y no delegadas están acá, acompañándonos desde la distancia en tan importante evento de mujeres latinoamericanas.

Finalmente quiero cerrar mi intervención en este evento en nombre de las mujeres y hombres del valle del Río Cimitarra y el Magdalena Medio, quienes luchan y trabajan como hormiguitas todos los días por la construcción de un modelo de economía incluyente y humana, el modelo de economía socialista, como condición para salvar a la humanidad.

También agradecer a quienes hicieron posible nuestra participación y presencia en este importante evento de debate y trabajo organizativo. Estamos seguros de que éste es un muy importante paso en la construcción de espacios para la articulación y organización política e ideológica, que nos facilite enfrentar entre todos al enemigo común de la humanidad, el capitalismo, el imperialismo.

Reciban de ACVC y la Zona de Reserva Campesina nuestro fuerte abrazo bolivariano y de clase.

Muchas gracias.