Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

Ponencia presentada en el 3er. foro nacional de comunicación alternativa
El primer año de la Revista «Alternativa»
Análisis de una de las más importantes experiencias de comunicación alternativa en Colombia
Paulo César León Palacios / Viernes 4 de mayo de 2007
 

La ponencia analiza el surgimiento de la Revista Alternativa en 1974, su desarrollo durante ese año y la conocida división que dio origen a dos Alternativas paralelas. Se utilizan la revista, algunas entrevistas y recientes debates como fuentes documentales.

Decir que la revista Alternativa es la publicación periódica más famosa en la historia de la izquierda en Colombia tal vez sería una exageración, pero decir que ha sido y es una de las más debatidas, a pesar de que dejo de circular en 1978 es del todo cierto. Por ejemplo, en el ya famoso debate del 17 de abril del año en curso, que hizo el Polo Democrático Alternativo contra Álvaro Uribe, fue el propio ministro del Interior (Carlos Holguín) quien recordó el polémico papel de Alternativa en sus últimos años en crítica al establecimiento. Y recientemente, Bernardo García, el primer director de Alternativa (hoy columnista de Desde Abajo), en respuesta al mediocre artículo de Herbert Braun "Palabras de Guardar: los años 70 de rebeldía Alternativa" (Revista Número No. 50), afirmó que la revista "no deja ningún valor agregado serio" (2007: 80). Acá abordaremos algunas de esas experiencias a las que García se refiere críticamente –y con razón-, pero argumentaremos todo lo contrario, pues la revista ya en su primer año dejó unos importantes "valores agregados".

¿Qué hizo y hace tan especial a Alternativa? Entre otras, las siguientes razones: 1) fue una experiencia pionera de la comunicación alternativa en Colombia; 2) logró –para la época y el contexto de desarrollo del país- un significativo nivel de conceptualización del periodismo moderno y la «contrainformación», pero, a pesar de todo ello, y más bien, por todo ello; 3) padeció agudos conflictos internos de carácter político e ideológico, muy propios de la izquierda de aquella época. En este escrito abordaremos el primer año de la revista, año vertiginoso en el que ocurre una parte vital del proceso contenido en estos tres puntos.

La creación de Alternativa

Alternativa, en su primera versión colombiana (pues existió una Alternative creada por el círculo de Camilo Torres cuando estudio en la Universidad de Lovaina, García: 79), fue impulsada principalmente por dos celebres intelectuales de la escena nacional: Gabriel García Márquez y Orlando Fals Borda. A ellos se sumó el periodista Enrique Santos Calderón. García Márquez era ya un escritor consagrado, amigo del cambio social, y ante todo un intelectual que no estaba afiliado a ninguna corriente o partido de izquierda en particular. Fals Borda se había separado de la vida universitaria desde 1969, al calor de la ruptura producida en el Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, fundando en 1970 la Fundación Rosca, junto con otros académicos en similar condición. El resultado de esa actividad fue la metodología de la Investigación Acción Participación (Entrevista del autor a Orlando Fals Borda, Bogotá, 6 de abril de 2007). Enrique Santos Calderón era un joven periodista que escribía la columna Contraescape en el diario El Tiempo, propiedad de su familia. La columna se caracterizaba por una argumentación fuerte y crítica, y de evidente tono izquierdista.

En diciembre de 1973 ya era un hecho el surgimiento de la Revista Alternativa, cuyos socios serían la Fundación Pro Artes Gráficas (Enrique Santos), la Fundación Rosca (Fals Borda) y García Márquez.

Por estos mismos días Enrique Santos desarrolló una amplia discusión con Jaime Bateman Cayón, cuyo grupo también se disponía a lanzar el Movimiento 19 de Abril (M-19), prácticamente al tiempo que se lanzaría el primer número de Alternativa (el eme el 17 de enero de 1974 y Alternativa el 18 de febrero). Juntos encontraron gran afinidad entre lo dos proyectos, pues coincidían en la necesidad de generar formas de comunicación política superiores al sectarismo y el dogmatismo que caracterizaba a la izquierda de la época. A partir de ahí el M-19 participó en varios periodos de la revista tanto periodística como económicamente. Por ejemplo, Carlos Duplat (que poco después se haría militante del M-19) fue el primer encargado del diseño de la revista y más adelante Gerardo Quevedo (otro militante) fue su gerente, ya en la etapa final de la revista, cuando se profundizó la influencia del M-19 (Villamizar, 2002: 278 y ss; Fals, idem).

En su primer año, casi todo el personal de la revista (redacción, armada, fotografía, etc.) era militante de diversas organizaciones de izquierda, lo que a la postre sería importante en la primera purga interna.

Por último, hay que decir que la revista cuadruplicó su circulación en los primeros cuatro números, algo que no era común en la época para las publicaciones de izquierda.

El contenido de la revista

La revista era un impreso de altísima calidad. Sus artículos, siempre de redacción impecable, eran dirigidos por una visión explícita acerca del papel a jugar como medio de comunicación. Esta visión se resumía en los siguientes principios: 1) divulgar las luchas populares, 2) contrainformación y lucha ideológica contra "los medios de información del sistema", 3) circular en un leguaje sencillo investigaciones sobre la realidad nacional, y 4) propiciar la unidad de la izquierda (ver Alternativa, No 4 y No 18, 1974). Mencionemos también que la revista tiene como constante una crítica a la publicidad burguesa de la sociedad post Frente Nacional, muy en el tono de la crítica a la publicística burguesa que propuso la Escuela de Francfort en los años 1950.

Los principales temas de los artículos giraban en torno a la crítica de la clase política: se trataba de develar desde los casos de represión policial hasta los truculentos orígenes de poderes como el de Ardila Lülle o Julio Santodomingo, pasando por la despiadada crítica de los políticos tradicionales del momento: Álvaro Gómez, Alfonso López y María Eugenia Rojas, entre otros. Había, igualmente, una columna exclusivamente dedicada a parodiar a la clase política, llamada "Macondo" y redactada por García Márquez.

Parte de esta crítica al «sistema» era también la exposición constante del problema del «costo de la vida» y la desigualdad social. En cada número se encontraban artículos dedicados a los problemas del campesinado, los trabajadores urbanos y los desempleados. En la columna "La historia prohibida", Fals Borda exponía antecedentes históricos del campesinado colombiano, contando historias hasta entonces desconocidas por el gran público.

También había una columna dedicada a EU ("El Zancudo"), una sección llamada "Noticiero Latinoamericano" y otra dedicada a difundir las luchas populares denominada "Voz de la Base".
Finalmente, hay un detalle bien particular, que hablaba muy bien sobre la afinidad ideológica entre la revista y el M-19: se publicaban textos de las guerrillas de ese entonces: ELN, FARC, EPL y M-19, al igual que de las demás agrupaciones de izquierda, independientemente de su tendencia, es decir, se predicaba un pluralismo y un antisectarismo ideológico (para la izquierda). Así sucedió, por ejemplo, en las ediciones 4 y 5 de 1974, cuando se difundió el pensamiento de las organizaciones de izquierda más importantes con respecto al tema de las elecciones (muy polémico en el momento). El M-19 desde sus inicios, cuando se llamaba Comuneros, hizo cosas similares como publicar e incluso hacer propaganda a nombre de las principales guerrillas del país.

Digamos de paso que la revista también expuso con claridad su concepto de comunicación y libertad de prensa, que abordaremos en la sección final de este artículo. En todo caso, hay que decir que Alternativa estaba lejos de ser una repetición de los criterios y dogmas de la izquierda colombiana, como era la constante en la mayoría de las publicaciones de la época, determinadas generalmente por organizaciones (como "órganos de expresión") o círculos que ciertamente practicaban un «canibalismo ideológico» (para usar un término de la propia Alternativa).

La gráfica

Las carátulas internas de la revista siempre se caracterizaron por ser fuertes y vívidas de color: se trataba de impactar con una gráfica francamente agitadora. En las caras interiores, que no eran en policromía como la portada, había, no obstante, una gráfica fuerte que combinaba la caricatura, el dibujo, la fotografía y el fotomontaje. En la época, sería difícil encontrar alguna otra revista política, mucho menos de izquierda, con todas estas características juntas, pues, como en el contenido, la gráfica típica de las publicaciones de izquierda carecía tanto del presupuesto como del sentido vanguardista que tenía Alternativa, en especial en las ilustraciones y el fotomontaje (no así en la caricatura, que era ya una tradición para la época).
Algunos ejemplos: en el número 1 (18 de febrero de 1974) se observa en una de las caras interiores una ilustración cuya leyenda dice: "Sí hubo torturas, afirma la comisión de la Procuraduría", acompañada en la parte superior de un ensayo fotográfico hecho en estudio. En el No. 2 se observa una ilustración que combina caricatura y fotomontaje de una forma más bien innovadora para la época en Colombia.

La lucha ideológica por el papel de Alternativa

Como bien señaló Bernardo García en el artículo mencionado, también es muy claro que Alternativa no escapó al «canibalismo ideológico» de la autodestructiva izquierda de la época. Alternativa se fraccionó y fue dando a luz otras Alternativas (según García tres, en alusión a las tres épocas de la revista).

Corría la segunda semana de octubre cuando sorpresivamente el editorial del No. 18 anuncia que " (…) «Alternativa» no puede pretender sustituir a los movimientos políticos revolucionarios, ni a sus órganos propios de expresión, ni mucho menos convertirse ella misma en grupo político (…)", y que en ese marco se separaba a Fals Borda y la Rosca como socios de la revista. Lo que sucedió a partir de ahí fue uno de los más sonados escándalos la izquierda citadina de esos días. Los trabajadores, apoyados por Fals Borda, se tomaron las instalaciones de la revista y se apoderaron de la hechura del número siguiente, donde se ventilaría públicamente la purga interna.

El No. 19 presenta una beligerante réplica al No. 18 a lo largo de varias páginas de enardecido verbo y verticales declaraciones. El siguiente fragmento del editorial reproduce lo esencial de esa posición:

"Sería absurdo esperar que de la noche a la mañana nuestra revista se convierta en lo que queremos que sea: una auténtica publicación proletaria al servicio de las clases trabajadoras (…) Por defender estos principios, nos han acusado y nos acusan de querer formar «grupo político». Es que el grupo de la vieja dirección es incapaz de comprender que el periodismo, si no educa, orienta y organiza, no es periodismo revolucionario. No comprende, tampoco, que asumir estos deberes con el pueblo, no significa necesariamente «hacer partido», sino establecer relaciones fraternas con los partidos y grupos existentes ".

Así, se cambia desde el lema en adelante, que empieza a rezar: «atreverse a luchar es empezar a pensar» y no «atreverse a pensar es empezar a luchar», el cual consideraron los trabajadores como un resumen de la concepción pequeño burguesa e intelectualista de la anterior dirección.

La No. 20 fue la joya de este debate, pues a falta de una circularon dos revistas: la No. 20 de Fals y compañía y la No. 20 de Gabo y Santos. En el transcurso de esos días el equipo de estos últimos había trasladado la sede y controlado la distribución y la mayoría de la pauta, mientras los trabajadores demandaron laboralmente a Gabo y prosiguieron con su idea de una nueva Alternativa.

En su No. 21, la revista de los ex trabajadores de Alternativa, influenciados fuertemente por el M-19, se lanza bajo el nombre de Alternativa del Pueblo, mientras Fals Borda –según su testimonio- pasa poco a poco a ser un simple colaborador (Fals, Idem). Pero la suerte estaba echada y antes de seis meses Alternativa del Pueblo desaparece, pues no se vendía ni el 10% del tiraje (Fals, idem), se había perdido buena parte de la pauta y su calidad era inferior a su competencia directa. A su vez, la Alternativa de Gabo transitaba paradójicamente a una nueva época de mayor radicalismo y franca defensa de la insurgencia, donde el M-19 tuvo mucho más influencia, puso un gerente y aportó una parte del presupuesto (pues Bateman no dejo de trabajar con ninguna de las dos Alternativas, Entrevista a Dario Villamizar, 9 de abril de 2007). Curiosamente, la revista profesaba una admiración más evidente al ELN, agrupación a la que le sacaban homenajes gráficos y lo que parecía ser pauta publicitaria.

El conflicto de fondo y los "valores agregados"

Si se analiza Alternativa desde los primeros números, inmediatamente se percibe que hay un conflicto ideológico casi desde los inicios. Claramente había una serie de presiones externas, palpables en el correo de los lectores y en las editoriales, para que la revista se afiliara públicamente a una u otra tendencia; a su vez, la revista se defendía diplomáticamente reivindicando el periodismo independiente, es decir, una comunicación alternativa no afiliada. Había, pues, una incomprensión y una imposibilidad de sintonía entre varios públicos de izquierda (no todos) y la propuesta de la revista. Igualmente, es un hecho que Alternativa caló fundamentalmente en el público urbano, de clase media e intelectual, en palabras del propio Bernardo García, la revista era un "magazine para líderes de opinión".

Esto último, coincide, a nuestro modo de ver, con el actual análisis de Fals Borda (Idem), según el cual el conflicto de Alternativa se debió a la lucha entre dos orientaciones: de un lado, Santos y Gabo pretendían que la revista "fuera un instrumento para la politización de las clases burguesas, intelectuales y urbanas", mientras, "la posición de la Rosca es que debía ser un instrumento de lucha de las clases populares y de base en el campo". Fals Borda afirma igualmente que en ese momento "estaba en ciernes una organización política" y que el plan de su sector era originalmente que Alternativa entrara a apoyar abiertamente este trabajo, el cual sería de base campesina. Y es por esta razón que fracasa Alternativa del Pueblo: al fracasar en su distribución se confirma que "los consumidores de la revista resultaron ser más urbanos que rurales" (Fals, idem), y más "líderes de opinión" que "pueblo", agregaríamos nosotros.

En cada cara del conflicto intestino de Alternativa se expresan dramáticamente muchas de las caras de la izquierda colombiana: intelectualismo, vanguardismo, dogmatismo, antisectarismo sectario, unidad por arriba, oportunismo, etc. El reconocimiento de esta experiencia es ya un "valor agregado" que se añade al estudio de los aportes periodísticos y conceptuales que se pueden extractar de Alternativa para los procesos de comunicación alternativa actuales. Cabría entonces identificar un conjunto de problemas actuales en este marco histórico:

1.¿Se puede seguir considerando la comunicación alternativa como una tarea de izquierda? No se cuestiona que sea una de las tareas de la izquierda, que la es, sobre todo si hablamos en el marco del "socialismo del siglo XXI", sino que se considere al concepto de "comunicación alternativa" como equivalente al de comunicación desde la izquierda, cuando puede abarcar cosas más profundas como comunicación por abajo, y comunicación como ruptura con las lenguajes y discursos políticos tradicionales –tanto de izquierda como de derecha-.

2.¿No es preocupante que aún no exista una revista que haya alcanzado los logros de Alternativa en sus primeros números, con todo y su "fracaso"?

3.¿No sería deseable que organizaciones políticas como el Polo Democrático Alternativo formulasen una política cultural que impulse equitativamente tanto proyectos de comunicación alternativa independientes como proyectos propiamente polistas?

4.¿No sería sano que los propios militantes de izquierda que hemos venido impulsando "la comunicación alternativa", distinguiéramos entre hacer, de un lado, propaganda y crear aparatos ideológicos de apariencia "alternativa", y, de otro, hacer proyectos comunicativos realmente alternativos?

Este último punto, a nuestro modo de ver, muestra que, más allá de su abierta orientación intelectualista, el concepto de comunicación planteado por la primera Alternativa aún no se comprende del todo ni en la izquierda ni en la intelectualidad democrática. El concepto en cuestión se divulgó como sigue en el No. 4 de la revista, ante el cuestionamiento proveniente de algunos sectores de izquierda sobre la «posición política» de Alternativa:

"1- La opinión pública colombiana tiene una sola versión: la de la «gran prensa». Esto no quiere decir que ignoremos la prensa gremial y partidista desarrollada por las fuerzas de izquierda. No se trata de ignorarla, ni de suplantarla, sino de complementarla a un nivel forzosamente distinto: el de la opinión pública general.

2- Los estudios, análisis e investigaciones sobre la realidad nacional son numerosos y no pocos resultan indispensables para la correcta conducción de las luchas sociales (…) No obstante, la escasa circulación de estas obras o su lenguaje técnico y especializado, las hacen de difícil consulta para los cuadros políticos y sindicales (…) Alternativa busca construir poco a poco ese puente.

3- Las luchas de obreros, campesinos, estudiantes, maestros y otros sectores populares tienen pocas posibilidades de expresar en la «gran prensa» sus puntos de vista, la razón de sus reivindicaciones, las denuncias (…) Pero si los derechos no se mendigan, sino que se conquistan, Alternativa es por lo menos un esfuerzo en esa dirección.

4- La izquierda colombiana (…) se encuentra muy dividida. Alternativa no propicia el «sectarismo político» en la izquierda, pero tampoco plantea la unidad idílica. La revista pretende contribuir a la consolidación crítica de las fuerzas de avanzada, es decir, cimentada en el debate sano y abierto, en el análisis de la realidad nacional y en la confrontación permanente con las luchas populares".


Fuentes

- Braun, Herbert (2007), "Palabras de guardar «los años 70 de rebeldía Alternativa», en Revista Número, No. 50.
- García, Bernardo (2007), "La trilliza revista", en Revista Número, No 52, marzo abril.
- Villamizar, Dario (2002), Jaime Bateman. Biografía de un Revolucionario , Bogotá: Planeta.
- Entrevista a Dario Villamizar, 9 de abril de 2007
- Entrevista del autor a Orlando Fals Borda, Bogotá, 6 de abril de 2007.
- Revista Alternativa, 1974-1976.